miércoles, 6 de abril de 2011

curvatura


Y volvió un recuerdo, una sonrisa, una mueca de satisfacción emborronada, que golpeaba mi cabeza. Y volvió tu recuerdo, siroco de vida, rompiendo el castillo de naipes que tanto me costó construir.

Y volvió, no sé muy bien si para quedarse, pero el cepillo de dientes de mi baño me pareció muy solo, y las fotos de sonrisas se convirtieron en algo tan banal como las esperas en los aeropuertos.

Volvió con una mariposa, de las alas rotas, de cabeza gacha, con los colores caídos de tanto volar, de volar tan lejos. Volvió y me susurró al oído aquello que yo no quería oír, o lo que tanto tiempo llevaba esperando, las palabras que importantes, quedan olvidadas en las hojas perennes de un otoño olvidado.

Volvió con tus silencios tras la espalda, y tus caricias en los huecos que en el aire, parecía dibujar. Volvió para decirme que quizás tras el mundo que creo mundo solo haya un final, escrito en magenta, cian y gris.

Arquitectura etérea, la que aquella mañana se asentaba en cada recoveco del paisaje, mientras alguien, sentado a lo lejos, me observaba juguetear con una mariposa encorvada, que volvía para destruir, construir, y volver a hacerlo todos pedazos otra vez.


Volvió, mientras yo fumaba, sentada en mi balcón, esperando que un viento huracanado decidiera un destino mejor para mí. Volvió mientras de alguna manera, creo que la esperaba.

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